¿Cómo calcular el tiempo de una ruta de montaña?
Cuando comenzamos a hacer trekking o montañismo, una de las primeras preguntas que nos hacemos antes de una salida es: ¿cuánto me voy a demorar?
A primera vista podría parecer sencillo. Si una ruta tiene 10 kilómetros, podríamos pensar que basta con calcular cuánto tardamos normalmente en caminar esa distancia. Pero en montaña las cosas cambian.
No es lo mismo recorrer 10 kilómetros por un camino plano que hacer esos mismos 10 kilómetros ganando 1.000 metros de desnivel, con una mochila pesada, nieve y una pendiente pronunciada.
Por eso, calcular el tiempo de una ruta debe ser visto como una estimación, no como una garantía.
¿Por qué los kilómetros no son suficientes?
La distancia es importante, pero es solamente una parte de la información que necesitamos.
Al estimar el tiempo de una ruta también debemos considerar:
Desnivel positivo: cuánto tendremos que subir.
Desnivel negativo: cuánto tendremos que bajar.
Pendiente: una subida pronunciada normalmente reduce nuestro ritmo.
Tipo de terreno: sendero, roca, pedrera, barro o terreno técnico pueden tener velocidades muy diferentes.
Altitud: a mayor altura, el rendimiento puede verse afectado, especialmente si todavía no estamos aclimatados.
Peso de la mochila: una mochila pesada puede aumentar el esfuerzo y disminuir nuestro ritmo.
Condición física: no todos caminamos a la misma velocidad.
Experiencia: conocer el terreno y moverse eficientemente también influye.
Descansos: el tiempo detenido forma parte del tiempo total de la actividad.
Nieve: puede hacer que una ruta que normalmente es rápida se vuelva mucho más lenta.
Clima: viento, lluvia, frío o calor pueden modificar considerablemente nuestro avance.
Por eso, dos personas pueden recorrer exactamente la misma ruta y terminar con tiempos muy diferentes.
Una forma sencilla de estimar el tiempo
Una referencia clásica utilizada en montaña es la Regla de Naismith.
Su versión tradicional considera aproximadamente:
4 km de distancia = 1 hora de caminata
y agrega aproximadamente:
1 minuto por cada 10 metros de desnivel positivo.
Por ejemplo, una ruta de 8 km con 600 metros de desnivel positivo tendría:
8 km ÷ 4 km/h = 2 horas
600 m ÷ 10 = 60 minutos
Estimación: 3 horas de movimiento.
Esta regla sirve como punto de partida, pero no debería utilizarse como si fuera una fórmula exacta. Las propias guías de montaña señalan que la velocidad cambia según la pendiente, el peso de la mochila, las condiciones del terreno, el viento, el estado físico y la fatiga.
En otras palabras:
La fórmula te entrega una referencia. La montaña te entrega la realidad.
¿Cuándo puede funcionar?
Puede ser bastante útil para obtener una primera aproximación en rutas relativamente conocidas, con terreno caminable y condiciones normales.
¿Cuándo puede fallar?
Puede entregar resultados poco fiables en rutas con:
nieve profunda;
pendientes muy pronunciadas;
terreno técnico;
mucha roca o pedrera;
navegación complicada;
gran altitud;
mal clima;
mochilas pesadas;
personas que todavía no conocen su propio ritmo.
Por eso, una buena estimación no consiste solamente en aplicar una fórmula, sino en corregirla según las características de la ruta y nuestra experiencia personal.
Un ejemplo práctico
Imaginemos una ruta de 10 km, con 1.000 metros de desnivel positivo, terreno de montaña y una mochila de 8 kg.
Supongamos, para simplificar el ejemplo, que los 10 km corresponden al recorrido total de ida y vuelta y que aproximadamente la mitad corresponde al ascenso.
1. Estimamos el ascenso
Aplicando la referencia de Naismith:
5 km de distancia: aproximadamente 1 hora y 15 minutos.
1.000 metros de desnivel: aproximadamente 1 hora y 40 minutos.
Eso entrega cerca de 2 horas y 55 minutos.
Pero estamos hablando de una ruta de montaña con desnivel y una mochila de 8 kg. Si el terreno es irregular o tiene pendientes importantes, podríamos necesitar más tiempo.
Una estimación más conservadora podría ser aproximadamente 3 horas y 30 minutos de movimiento para el ascenso.
2. Calculamos los descansos
Si durante la subida hacemos tres descansos de 10 minutos:
30 minutos adicionales.
Por lo tanto, podríamos estar alrededor de 4 horas desde el inicio hasta alcanzar nuestro punto superior, dependiendo de las condiciones.
3. ¿Y el descenso?
Para los 5 km de regreso podemos utilizar nuestro propio ritmo de descenso como referencia.
Si normalmente bajamos a unos 3 km/h, esos 5 km representarían aproximadamente 1 hora y 40 minutos.
Pero si existe terreno técnico, roca suelta, nieve, cansancio o pendientes pronunciadas, podríamos necesitar alrededor de 2 horas o más.
En este ejemplo tendríamos aproximadamente:
3 h 30 min de ascenso + 30 min de descansos + 2 h de descenso = 6 horas.
Y todavía deberíamos considerar cualquier parada adicional, error de navegación o dificultad inesperada.
Este ejemplo no significa que una ruta de 10 km y 1.000 metros de desnivel siempre tome seis horas. Es solamente una forma de entender cómo construir una estimación.
¿Cómo calcular el tiempo de subida?
Para el ascenso, los factores que más debemos observar son principalmente:
distancia + desnivel + pendiente + terreno + ritmo personal.
Una subida de 5 km y 1.000 metros de desnivel puede ser mucho más exigente que una caminata de 5 km prácticamente plana.
También es importante observar cómo está distribuido el desnivel. No es lo mismo subir 1.000 metros progresivamente que concentrarlos en una pendiente muy pronunciada.
¿Cómo calcular el tiempo de bajada?
La bajada normalmente puede realizarse más rápido que la subida, pero no existe una proporción universal que podamos aplicar a todas las rutas.
En un sendero cómodo, una persona puede bajar rápidamente. En cambio, una bajada con roca suelta, nieve, barro o sectores técnicos puede ser lenta y requerir mucha atención.
Además, hay que considerar la fatiga acumulada.
Por eso, para conocer nuestro tiempo de descenso resulta mucho más útil registrar nuestras propias rutas y aprender cuál es nuestro ritmo en diferentes tipos de terreno.
¿Cómo saber cuál es mi ritmo?
Esta es probablemente la mejor herramienta para mejorar nuestras estimaciones.
Cada vez que realizamos una ruta podemos registrar:
Distancia
Desnivel
Tiempo total
Tiempo en movimiento
Duración de las pausas
Peso de la mochila
Altitud
Y tipo de terreno
Condiciones meteorológicas
Cómo sentimos el esfuerzo
Con varios registros podremos empezar a reconocer nuestro propio patrón.
Por ejemplo, quizás descubramos que en senderos fáciles mantenemos un ritmo determinado, pero cuando aumenta el desnivel nuestro ritmo disminuye considerablemente.
También debemos diferenciar entre tiempo total y tiempo en movimiento.
Si una aplicación indica que estuvimos seis horas en una ruta, pero estuvimos detenidos una hora entre descansos, fotografías y alimentación, nuestro tiempo en movimiento fue de aproximadamente cinco horas.
Ambos datos son útiles, pero representan cosas diferentes.
Wikiloc, Strava y otras aplicaciones
Aplicaciones como Wikiloc, Strava y otras herramientas de navegación pueden ser muy útiles para conocer la distancia, el desnivel y los tiempos registrados durante una ruta.
También permiten comparar diferentes actividades y obtener una referencia antes de salir.
Pero hay que tener cuidado con un dato: el tiempo de otra persona no necesariamente representa nuestro tiempo.
Una persona puede tener mejor condición física, llevar una mochila más liviana, conocer perfectamente la ruta o haber encontrado condiciones mucho mejores.
Por eso, los registros de otros montañistas deben utilizarse como referencia, no como una promesa de cuánto vamos a tardar.
¿Qué pasa si hay nieve?
La nieve puede cambiar completamente el tiempo estimado de una ruta.
Con nieve profunda podemos avanzar muy lentamente, especialmente si debemos abrir huella. En cambio, una superficie de nieve firme puede permitir un avance mucho más eficiente.
También influye el equipamiento y la experiencia con él. El uso de crampones o raquetas puede modificar nuestro ritmo, pero no elimina las dificultades propias del terreno.
Además, la nieve puede transformarse durante el día. Una ruta que era rápida por la mañana puede encontrarse mucho más blanda después del aumento de temperatura.
Por eso, cuando una ruta tiene nieve, no basta con mirar el registro de alguien que la hizo meses atrás. Las condiciones recientes pueden ser mucho más importantes que el tiempo histórico de la actividad.
¿Qué pasa con la altitud?
La altitud también puede modificar nuestro rendimiento.
A medida que ascendemos, especialmente cuando todavía no estamos aclimatados, podemos sentir que un ritmo que normalmente resulta cómodo se vuelve mucho más exigente.
Por eso, una estimación obtenida caminando a baja altitud no necesariamente será válida para una ruta de alta montaña.
En estos casos es especialmente importante dejar margen y no planificar la actividad suponiendo que mantendremos exactamente el mismo ritmo que en nuestras salidas habituales.
No planifiques una montaña al límite de tu tiempo
Este es quizás el punto más importante de todo el artículo.
Si calculamos que una ruta debería tomar seis horas, no significa que debamos organizar nuestra actividad para terminar exactamente en seis horas.
Siempre pueden aparecer:
Descansos adicionales;
Errores de navegación;
Cambios de clima;
Nieve inesperada;
Terreno más lento;
Cansancio;
Problemas con el equipamiento;
Pequeñas emergencias.
Por eso, una buena planificación no busca calcular el menor tiempo posible, sino contar con un margen suficiente para afrontar lo inesperado.
En rutas con cumbre también es importante establecer previamente una hora límite para continuar hacia arriba. Si las condiciones, el ritmo o el horario indican que no alcanzaremos la cumbre de manera segura, debemos estar preparados para cambiar el plan e iniciar el descenso.
Llegar a la cumbre nunca debería ser más importante que regresar de manera segura.
Tabla rápida para estimar una ruta
Calcular el tiempo es aprender a conocerse
No existe una fórmula capaz de decirnos exactamente cuánto tardaremos en una montaña.
Las reglas de cálculo son útiles para obtener una primera referencia, pero nuestra experiencia terminará siendo una de las herramientas más valiosas.
Después de realizar varias rutas y registrar nuestros tiempos, podremos empezar a reconocer nuestro propio ritmo según el desnivel, la distancia, el terreno, el peso de la mochila y las condiciones.
Mientras más experiencia tengas y más datos de tus propias rutas registres, mejores serán tus estimaciones.
Y aun así, siempre habrá algo que no podemos controlar: la montaña puede cambiar.
Por eso, antes de salir, revisa las condiciones reales de la ruta, considera un margen de seguridad y evita planificar una actividad dependiendo de que todo salga exactamente como estaba previsto.
¿Cuánto tardas tú?
Cada montañista desarrolla su propio ritmo. Si tienes experiencia en alguna ruta, puedes compartir cuánto demoraste, qué distancia y desnivel tenía y, especialmente, en qué condiciones la realizaste.
Tu experiencia puede servirle a otra persona como referencia, siempre entendiendo que cada montañista y cada montaña son diferentes.
Nota: La Regla de Naismith que utilicé como referencia no es una fórmula universal: Mountaineering Scotland la presenta como una regla práctica y señala expresamente que factores como condición física, peso, viento, pendiente y terreno modifican el tiempo. El BMC también la recoge como método de estimación.