Nunca subestimes la comida que llevas a la montaña

Hay un error que casi todos cometemos cuando comenzamos a hacer trekking o montañismo: preocuparnos por la mochila, la ropa o el clima, pero olvidarnos de algo igual de importante… la alimentación.

Muchas personas piensan que con un buen desayuno es suficiente para una caminata de varias horas. Sin embargo, la realidad es muy distinta. Cada paso, cada desnivel y cada kilo que llevas en la espalda consume energía constantemente. Cuando esa energía comienza a agotarse, el cuerpo lo hace saber.

Primero aparece el cansancio.

Después disminuye el ritmo.

Comienzas a perder concentración y tomar decisiones se vuelve más difícil.

En alta montaña, un pequeño error provocado por la fatiga puede convertirse en un problema importante.

Por eso existe lo que muchos montañistas llaman ración de marcha: alimentos fáciles de transportar y consumir durante la caminata, sin necesidad de detenerse mucho tiempo. La idea no es comer hasta sentirse lleno, sino entregar pequeñas dosis de energía al organismo antes de que aparezca el agotamiento.

¿Qué características debe tener?

No todos los alimentos sirven para una jornada en la montaña. Lo ideal es elegir productos que sean:

  • Livianos.

  • Resistentes al calor o al frío.

  • Fáciles de abrir con guantes.

  • Que no ocupen demasiado espacio.

  • Con buena cantidad de carbohidratos y grasas saludables.

  • Que puedas comer caminando o durante una pausa corta.

Algunas buenas opciones

Con el tiempo cada persona encuentra lo que mejor le funciona, pero entre los alimentos más utilizados están:

  • Frutos secos.

  • Almendras, nueces o maní.

  • Frutas deshidratadas.

  • Barras de cereal o energéticas.

  • Chocolate.

  • Galletas.

  • Sándwiches sencillos para recorridos largos.

  • Geles energéticos, reservados para esfuerzos intensos o prolongados.

No esperes tener hambre

Uno de los errores más comunes es comer recién cuando aparece el hambre.

Cuando eso ocurre, normalmente el cuerpo ya comenzó a gastar gran parte de sus reservas de energía. Lo recomendable es alimentarse de forma periódica, aproximadamente cada 45 a 60 minutos, dependiendo de la intensidad de la actividad y de cada persona. Lo mismo ocurre con el agua: es mejor hidratarse constantemente que esperar a sentir sed.

Lleva siempre un poco más

Existe otra regla que con los años aprendí a valorar: nunca calcular la comida justa.

Un cambio de clima, una lesión, perder el sendero o simplemente caminar más lento de lo esperado puede hacer que la salida dure varias horas adicionales.

Por eso siempre es buena idea llevar una o dos raciones extra. Probablemente regresen intactas a casa, pero el día que las necesites agradecerás haber ocupado ese pequeño espacio en la mochila.

Mi experiencia

Con el tiempo entendí que la comida en la montaña no es un premio para cuando llegas a la cumbre, sino parte del equipo. Así como reviso el estado de la carpa, el pronóstico del tiempo o el agua que llevaré, también preparo mi alimentación antes de cada salida.

Hoy siempre llevo frutos secos, alguna barra energética, fruta deshidratada y algo dulce para esos momentos donde el cuerpo necesita un impulso extra. Nunca he visto esa comida como peso innecesario; al contrario, es una inversión en energía, seguridad y rendimiento durante toda la aventura.